
Es que hoy por hoy con un torneo de menos de veinte partidos que premia con tres puntos las victorias, los plazos para todos se han acortado en demasía y pienso que ello ya trajo consecuencias nefastas para el fútbol argentino.
Hoy cuando un equipo pierde tres partidos seguidos, indefectiblemente todos comenzaremos a mirar de reojo al DT de turno y seguramente se levantarán algunas voces pidiendo su renuncia. Lo mismo pasa con los jugadores, si en tres ó cuatro partidos no es bueno su nivel, inmediatamente se pondrán en dudas sus condiciones, los hinchas pedirán al que espera en el banco y los periodistas publicarán rumores de refuerzos. Y también se da el caso contrario en que un jugador la rompe por la misma cantidad de partidos, seguramente ya se comenzará a hablar de su pase al exterior, ó a un club grande y seguramente escucharemos por parte del player el clásico: “conmigo no se comunicó nadie”.
Lamentablemente en la actualidad ya vemos como algo común todos los ejemplos nombrados anteriormente y no nos sorprende que Francisco Maturana haya sido despedido a solo tres fechas de iniciado el torneo; que a Germán Denis lo pidan como “9” de la selección cuando el campeonato anterior no servía para nada; que Passarella le pida paciencia a los hinchas y ¡seis meses! de plazo; ó que se vayan jugadores al exterior que solo actuaron un par de partidos en primera división como Maxi Moralez por ejemplo.
Tres ó cuatro fechas parecen ser el límite a todo. Es decir que en un mes (tiempo en que se juegan estos partidos) los equipos deben demostrar buen funcionamiento, su DT encontrar el once ideal y los jugadores mostrarse aplomados y aptos para la función. Mientras tanto, los periodistas, los dirigentes y los hinchas esperamos ahí, con un cronómetro y carpetita virtual en mano para evaluarlos y darles el okey definitivo ó defenestrarlos para siempre...ó por un mes, que hoy por hoy es casi lo mismo.